Por: Ilda Polo Cortegana
Portada de "La Colección imposible" de Andy Warhol
Las funciones
regresan. La gente vuelve de vacaciones y retoma ensayos para estrenar. Hay que
vender. Hay que hacer historias. Hay que agradecer auspicios. Hay que hacer
reels. Hay que hacer trends. Hay que invitar influencers. Hay que decir que se trata de una gran obra,
con un gran texto y que el trabajo con el equipo fue lo mejor.
Hay mucho por hacer,
pero quedémonos con los trends, porque la
mayoría de veces una los ve y no entiende qué
tienen que ver con la obra. Y cuando consultas a alguien del equipo es como
que:
- Nada, solo es para
mover redes.
- ¿Por qué no se
prepara algo que tenga que ver con lo que producimos?
- Porque al público no
le interesa eso.
- ¿Y por qué carajos
hacer algo que crees que no interesa?
Porque si creyeras un
sol, pensarías que al público le puede interesar. O realmente, ¿solo hacemos
esto para llenar nuestros egos y recibir cierta atención que nos falta? O, la
que es peor pero a la vez mi favorita, ¿es que tenemos una mirada de nosotras
mismas como artistas de ser superiores intelectualmente al resto y por eso
vemos arte y profundidad donde las demás no? Bueno, probablemente en realidad
no es nada de esto, solo me molesta que en la mayoría de los casos estamos pidiéndole
al público que vea nuestras obras, como un favor que nos puede hacer.
No es algo que ocurre
para todas las salas o proyectos en Lima, claro está. Hay espacios que han
logrado un público que asiste a estos como su “teatro de confianza”. Es lindo
eso. Tener una sala a la que vas con frecuencia y ves lo que se presenta en ese
lugar. Sería lindo que ese público pudiera diversificarse en diferentes
espacios. Pero ¿por qué ocurre para algunas salas y otras no?
Uno de los casos más comunes es que se presente una
persona popular. Puede ser algún actor o actriz que sea referente del teatro, o
alguien sin oficio teatral pero que sea viral gracias a la magia de internet.
Lo que ocurre, varias veces, es que en el segundo caso no se cuentan con las
herramientas para profundizar en un proceso teatral. Por lo que, durante la
temporada, terminamos viendo un trabajo superficial en el que es notorio que
cierta persona está "para jalar público". Esto a la larga puede ser un problema,
ya que nos acostumbramos a producir montajes sin un trabajo previo sustancial
con el que la crítica pueda hacer un análisis y atar referentes. Una vez que no
se tiene a quien jale público el recuerdo de las obras no es suficiente. Quizás
hay que romper la venta de la figura y conseguir que sean los montajes los que
produzcan un impacto como experiencia que se desee repetir.
Otro caso es armar un
montaje de fórmula con los ingredientes de lo que “le gusta al público” y además,
presentarlo en una sala con gran cantidad de butacas. Con esto nos acercamos a
una producción en masa del teatro. No obstante, como toda producción en masa,
nos podría llevar a una pérdida de singularidad de las obras, minimiza la labor
actoral, y puede hacer caer a la dirección en la efectividad y sobre-estimulación
del público para calar en él. Adorno y Horkheimer (1944)* señalan sobre la
industria cultural que busca generar productos estandarizados para poder
repartirlos en grandes cantidades. Lo que implica que sean poco complejos, ya
que deben ser atractivos para la gran mayoría. Así es como se mercantiliza el
arte.
En la sociedad
actual, todo lo pensamos desde el “cómo vender” y “qué comprar”. Desafortunadamente, el teatro requiere
tiempo. Quizás no le dedicamos tiempo suficiente porque “time
is money”. Invertir tiempo en hacer teatro casi que es perder plata.
Pero tampoco deberíamos permitir que se fortalezca la idea de que hacer teatro
es memorizar texto y pararte a decirlo. Desahueven al que quiera estrenar sin
tener tiempo para ensayar. Si el teatro no nos ocupa tiempo, seguiremos
ofreciendo una comida rápida cultural.
Aún hay parte del
teatro en Lima que se resiste a mercantilizarse y quizás por eso el público se resiste al
teatro. Quizás entre resistir
y desear la fama terminamos haciendo cosas feas. Quizás debamos dejar de
regalar entradas para que el espectador respete lo que consume porque le
cuesta. Quizás vemos nuestros proyectos con más amor que distancia y no dejamos
florecer una autocrítica. Quizás tenemos el ego tan alto que creemos que seguir
nuestra pasión y expresar nuestros problemas adolescentes son suficientes para
interpelar a otra persona. Quizás solo soy muy amargada y la verdad es que el
teatro en Lima es maravilloso. Quizás, quizás, quizás….
* “Dialéctica de la Ilustración” (1944) - Theodor Adorno y
Max Horkheimer
Antes de analizar lo escrito debo admitir que es agradable ver (leer en este caso) como aquella persona que decidió apostar por el teatro a una temprana edad ha ido madurando. Admito que la he subestimado. Perdón por ello y felicitaciones por lo primero.
ResponderEliminarLo cierto es que yo no estudié teatro, pero si una carrera que el Perú considera como “no funcional” o “no productiva”. El teatro y las carreras de humanidades tienen ese factor en común. Sin embargo, también considero que uno escoge una carrera profesional con todo el peso de la dificultad que este trae consigo. Es una responsabilidad que, a veces, se puede percibir como un martirio. De esta manera, los profesionales relacionados al arte afrontamos una serie de obstáculos a superar. El mundo exige velocidad, inmediatez y, sobre todo, ganancias. El Perú: el doble. Aquella presión ha empujado a ciertos artistas (no los culpo) a ceder y dar pie a aquellos productos estandarizados que venden en masa (o lo más próximo a una masa). Y esto ha empujado a, como menciona Walter Benjamin en La Obra de Arte en la Época de su Reproductibilidad Técnica, la pérdida aurática de la obra de arte. Lo que arrastra la creencia de que cualquiera (sin el tiempo de dedicación correspondiente) puede, en este caso, estrenar una obra. Suena triste, pero es lo que sucede.
Por otro lado, cambiaría el “Invertir tiempo en hacer teatro casi que es perder plata” por “Invertir tiempo en el arte, en el Perú, es perder plata” como para que sientas (o los lectores no sientan) cierta soledad en este derrotero. Así, derrotados en el derrotero, es deber continuar con el camino escogido. Se vale renegar, llorar, explotar, andar de amargados y por qué no, también, contentos de hacer un buen trabajo. Quizás lo único no válido sea rendirse. It's magic, you know.