Cuando llegó mi momento de postular a la
universidad, ya tenía un tiempo formándome en el teatro. Aún así quería pasar
por la experiencia universitaria. Mi deseo no era formarme como actriz en la
universidad, mi deseo era estudiar en la PUCP y no tenía nada más que ver con
que mi hermano había ingresado a la Agraria, de donde salió mi papá. Sentía que
la única universidad que le daría la talla, porque yo tenía serios problemas
con la matemática como para ingresar a la UNALM, era la Católica que además me
parecía de un campus precioso. ¿Puro ego? Puro ego.
Una noche mientras esperaba con papá en el carro a entrar a mi taller, le propuse (porque era él quien pondría las fichas para los estudios, así que me parecía adecuado negociar) no postular a teatro y estudiar, la única que había sido mi opción antes del llamado de la tragedia: educación inicial. Mi papá miró fijamente al frente mientras yo me preparaba para explicarle porqué educación inicial y no derecho o medicina (si pensaba cambiar de camino pues que sea para asegurar plata). Pero papá dijo: “Yo creo que debes mantenerte en lo que has escogido”. Le expliqué que probablemente no haría mucho dinero pronto y me dijo que mientras me dedicara encontraría cómo. Mi papá cree firmemente en que un título universitario te abre puertas y creo que tiene argumentos contundentes para decirlo. Él y yo compartíamos un mismo deseo en ese momento, con razones distintas tal vez, pero ambos queríamos que yo estudiara en una universidad.
Hace un tiempo vengo pensando sobre hacer una maestría, pero sigo sin animarme. No porque no tenga ganas de estudiar o de especializarme. Pienso en si son esas mis verdaderas razones para hacerla o si preferiría un camino distinto. Ya hace tiempo que se nos dice que los títulos nos garantizarán empleos. El sistema está constantemente empujándonos a certificar lo que sabemos hacer. ¿Pero funciona en el teatro? ¿Funciona así para hacer teatro? ¿Necesitamos un permiso para hacer teatro? ¿Actores y actrices titulados garantizan una mejor obra?
Hay otros ámbitos en los que el título sí puede poner la balanza a nuestro favor, como la docencia. Sin importar la especialidad de la que venga, la licenciatura es un respaldo para trabajar, por ejemplo en un colegio. La docencia debe ser el rubro laboral al que la mayoría de actores y actrices, y otros trabajadores del teatro, migramos para poder solventar nuestras vidas ya que las políticas culturales en nuestro país no han logrado construir una base sólida para el desarrollo de una industria del arte escénico y por lo tanto las oportunidades de emplearnos en la escena son pocas, con una remuneración poco estable y débil. Por supuesto que hay quienes enseñan por vocación mas que por necesidad. Pero no creo que se sientan ajenos a la crisis cultural en la que nuestro país está sumergido hace varios años. Si no ¿por qué a nuestro congreso le parece pertinente hacerse tantos bonos en lugar de usar el dinero para el ámbito cultural y generar más producciones, mejores condiciones, más accesibilidad para formación y/e/o incluso una mejor distribución? ¿De qué sirve tener teatros grandes y lindos si no se puede pagar el precio mínimo para hacer una función ahí? Pareciera que hay poca confianza o interés en el desarrollo de nuestra propia industria. Incluso los espacios que nos forman para hacer teatro ofrecen mayores oportunidades e incentivos para ejercer la docencia como una labor fija que dinámicas que podrían ayudar a fortalecer la industria junto a sus egresados. Nos formamos para interpretar el papel de “profesor de…” mas que una variedad de roles que podrían existir tanto en el escenario como por fuera. Creamos más talleres que obras.
El día de hoy, Martes 9, se discute la
ley ómnibus* que ha presentado Javier Milei al congreso argentino. Un proyecto
que atenta contra organismos que fomentan y protegen al sector cultural en el
país. Argentina ha sido uno de los países con un apoyo gubernamental importante
en el desarrollo de su actividad teatral. En el Perú, si bien contamos con los
Estímulos Económicos, no tenemos un apoyo tan presente. ¿Sabemos hacer teatro
sin apoyo del Estado? ¿Cómo es? Es tener que dedicarnos a trabajar en distintos
rubros para poder sostenernos y quizás designar parte de ese dinero ganado a
nuestra actividad artística. Es hacer procesos cortos en los que no importe
indagar en la creación, si no que importe invertir lo menos posible. Es
permitir que los proyectos se guíen por la lógica del mercado y no por el
propio espíritu de la pieza. ¿Es así? ¿Es por eso que a pesar de la cantidad de
oferta teatral que hacemos, no somos un referente contemporáneo? Esta fue una
píldora con muchas preguntas y quizás pocas respuestas.
Cuántos quisiéramos poder dedicar mayor tiempo a estar en escena, dormir ocho horas y que el pago nos aguante el mes.
Mientras tanto, aprovechamos el verano para producir talleres y continuar teniendo un ingreso económico en esta parte del año como ocurre en otros sectores.
A
continuación una lista de algunos talleres que ofrecen les colegas:
1. Espacio Libre Teatro @espaciolibre_teatro
•
Taller Montaje con Diego La Hoz
2. Impro Di que sí @improdiquesi
•
“A jugar en serio” Introducción a la Impro con Feffo
Neyra
•
Taller Montaje con Feffo Neyra
3.
Punto Cero @_punto.cero__
• Taller de dibujo, pintura y procesos creativos con Jimena Mia
•
Taller de Soundpainting con Mario Gaviria
•
Workshop de Dibujo de alta intensidad con Jimena Mia
•
Escritura en Poesía con Mario Gaviria
4.
EZcasting @ezcasting
•
Taller de Actuación para la cámara con Miguel Dávalos
5. Adriana América @aidramatic
•
Curso de Automaquillaje
6.
Luis López @gallinazito
* La ley ómnibus abarca
el cierre del Instituto Nacional del Teatro (INT) y del Fondo Nacional de las
Artes (FNA); y el desfinanciamiento del INCAA, el Instituto Nacional de la
Música (INAMU) y la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP).
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